Aeropuerto de Málaga


Vamos y venimos. Todos iguales a todos. Dicen que se avecina un huracán pero no cancelamos el viaje. Confiamos en que no venga, mientras nos acordamos de tantas películas de catástrofes que empiezan así. Llegamos tres horas antes del viaje, buscamos un lugar donde sentarnos y mirarnos unos a otros. En el fondo no nos gustamos. En realidad nos despreciamos porque somos iguales y no nos gusta vernos reflejados en el que pasa. Nos fijamos en sus defectos para sabernos superiores. Cuando llega la hora de subir al avión actuamos todos igual, como un rebaño de iguales, que es lo que somos.

La mayoría de los pasajeros son ingleses. Regresan a casa después de pasar sus vacaciones en la costa del sol. No se diferencian mucho de nosotros. Parejas con niños, la piel rubicunda y un fuck en los labios. Dicen los políticos británicos que se acerca un invierno terrible, y el cierre del suministro ruso de petróleo a Europa anunciado ayer parece darle la razón. ¿Pasarán frío este invierno estos críos que juegan a un metro de nosotros? ¿Habrán gastado sus ahorros en esta escapada andaluza sin pensar en lo que pasará en noviembre? ¿Estará aquí ya el cometa?



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