Asco real
El día anterior a nuestra vuelta a casa se murió la reina. Nos enterábamos por el teléfono cuando atravesábamos el Tower Bridge, después de salir de una visita a la Torre, entre la lluvia. La ciudad no cambió con la noticia. La gente siguió haciendo lo que hacía, bebiendo cerveza, corriendo hacia casa, viendo la tele. Pero en la tele solo había luto y llanto por Isabel. Días después escuché El Ojo Crítico y recordé a Celaya que maldecía la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales. No hay neutrales. El panegírico de estos días es obsceno e idiotizante. Tal vez en nuestro cerebro somos súbditos, y la ilusión de la libertad, la igualdad y la justicia es una coartada para vender camisetas. Tal vez necesitamos pan y circo y camisetas y un amo que nos diga por donde caminar. Pero yo sólo siento asco.